17 nov. 2012

Tiempo...



Tiempo que no cura
Tiempo que me enferma
Tiempo que no cierra…
herida abierta, alma sangrante
Sangrante por una espina
Venenosa espina de flor marchita
De pétalos secos por ojos sin lágrimas
De temblorosas manos sin roce
De salados labios sin sonrisas
Tiempo que no cura…que se aleja
Que pasa, que no llega…que marcha
Sin fin, sin techo,  sin horizonte
Tiempo presente del secuestro…
Del futuro cautivo, incierto…enfermo
Alma sin sosiego, sin paz…en cautiverio
Tiempo perdido
Tiempo que no cura
Tiempo que me enferma

Escrito por V.M.T

14 nov. 2012

VII Edición de los Premios 20Blogs

Un año más El Inquilino de Papel participa en la VII Edición de los Premios 20Blogs 2012 en la categoría de Cultura y Tendencias. 


10 nov. 2012

Eisner. The Spirit. (2ª Parte)



Pero hay algo más que crea Will Eisner en Spirit. El siempre se sintió orgulloso del medio que manejaba y dedicó su vida a legitimizar el noveno arte. Podemos decir sin lugar a dudas que lo consiguió. Y lo logró desarrollando un sistema narrativo que sería el más influyente en los autores de cómics posteriores hasta la actualidad.

Utilizando la viñeta como si fuera el encuadre de una cámara, Eisner dibuja cine sobre el papel. Inicialmente influenciado por el expresionismo alemán, Eisner dibuja planos generales, hace picados, contrapicados, utiliza la iluminación como si de un escenario cinematográfico se tratara… Es la primera vez en que el cómic y el cine se funden en el llamado por el autor arte secuencial. Y es que, al fin y al cabo, ambos medios tratan de narrar mediante imágenes. Will Eisner hizo en cómic con Spirit lo que Orson Wells haría en cine con Ciudadano Kane, cambiar la manera de contar las historias y consecuentemente, cambiar el medio.

1 nov. 2012

Eisner. The Spirit. (1ª Parte)


A finales de 1938 se publicaba por parte de la editorial National Allied Publications (más tarde DC Comics) el nº 1 de la revista Action Comics que mostraba una portada de lo más sorprendente. En ella aparecía una especie de forzudo circense vestido con unas mallas de luchador de vivos colores… ¡Levantando en el aire un coche! Los niños americanos, llenos de ávido asombro, rebañaron los bolsillos de sus padres para llevarse a casa el sorprendente artefacto. El personaje en cuestión llevaba el muy niestzscheniano nombre de Superman y había llegado para revolucionar la industria. Los piratas, los hombres del espacio y los aventureros varios habían quedado barridos de un solo soplo de superaliento. Ya nada volvería a ser lo mismo. Habían llegado los superhéroes.


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